Crucifixión, de Víctor Ferrer

 

 Hacia la hora sexta las tinieblas cubrieron toda la tierra hasta la hora nona. El sol se eclipsó y el velo del templo se rasgó por medio. Y Jesús, con fuerte voz dijo: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Y al decir esto expiró.

Lucas 23, 44-46.      

Casi podríamos hablar de esta marcha como otra nueva incorporación al Ciclo Cofrade 2011 de la BSMO. La razón es que se estrenó en 2009… y desde entonces no se ha vuelto a interpretar. Con motivo de su recuperación para la causa hago este artículo para acercarnos un poco más a esta interesante obra de Víctor Ferrer.

 

El concierto del Sagrado Corazón

Fue la tarde del 4 de abril de 2009. Como viene siendo habitual en los últimos años, la BSMO celebró su último concierto de Cuaresma en la iglesia del Sagrado Corazón de Granada, en plena Gran Vía, en la víspera del Domingo de Ramos. Esta cita se está convirtiendo en toda una tradición, y da fe de ello la creciente expectación que levanta.

Esa expectación quedó muy de manifiesto: fue tanto el público asistente que algunas personas optaron por sentarse en las escaleras del altar, debajo de los metales, o en los huecos libres que dejaban las filas de clarinetes en los bancos que ocupaban. No negaré que en cierto modo nos sentimos algo abrumados, aunque no afectó al concierto, sino que ofreció una nueva experiencia, con público totalmente envuelto en el sonido de la banda. Incluso en su momento se barajó la idea de repetir aquello de forma organizada.

El estreno estuvo marcado por la falta de tiempo para más ensayos; es por eso que se advierte cierta precipitación, ciertos nervios ante pasajes difíciles que se habían leído apenas tres veces… Aun así el resultado fue magnífico, y dejó un buen sabor de boca a todos los asistentes y a todos los músicos. Tanto que nos parece injusto haberla tocado sólo una vez, creemos que esa marcha merece que profundicemos en ella.

 

Cuatro notas

Cuatro notas, correlativas, tres ascendentes y una descendente; se repiten tres veces y a la cuarta varían para dar paso al siguiente periodo. Este motivo aparentemente tan sencillo es el germen de toda la música que viene detrás, y asimismo será el hilo conductor a lo largo de la obra. Empieza suavemente, creando expectación, y cada cuatro compases se van añadiendo instrumentos y segundas voces. Un crescendo progresivo desemboca en un tutti poderoso, el clímax de esta introducción.  A partir de ahí la sencillez inicial se complica, dando lugar a una serie de intrincados pasajes de valores muy cortos, que contribuyen a generar tensión de nuevo para descargar poco después.

Tras esta segunda descarga, en un clima de tranquilidad entra el primer tema. Este primer tema también es sencillo, y habla de resignación ante el amargo castigo y de tristeza por la incomprensión ante tanta crueldad. Este primer tema avanza con incorporaciones de más instrumentos, variando para dar paso a la siguiente sección.

La siguiente melodía no empieza en un fuerte, como cabría esperar, sino que empieza de manera suave, para después subir progresivamente. Una vez más la tensión va aumentando poco a poco, hasta desembocar en el fuerte central. Este fuerte tiene un ritmo muy marcado, contundente e incisivo, con un martilleo constante en las trompetas que le confiere mucha fuerza. Queda de manifiesto la violencia de la crucifixión, incluso con efectos sonoros de martillazos sobre madera. No es, ni mucho menos, el típico fuerte al que estamos acostumbrados, sino que su carácter nos transmite esa agitación, esa sensación de desasosiego ante la violencia y la destrucción.

El fuerte se apaga poco a poco, incidiendo en el motivo inicial, para dar paso a un cambio de tono. Tercer tema, lírico, melancólico, que transmite tristeza al mismo tiempo que tranquilidad. Lo presentan un fagot, un oboe, un clarinete y una flauta, para después repetirse con el resto de la banda y un acompañamiento más rítmico. Al final vuelve a aparecer el sencillo motivo del principio, ya en otra perspectiva, para dar coherencia a la composición. Además acabando en modo mayor, dando pie a la esperanza después del carácter más bien sombrío de toda la obra.

 

Una música, muchas historias

Hasta aquí un pequeño análisis superficial de la obra, dejando caer algunas apreciaciones sobre el carácter y los sentimientos que suscita. Ahora hablamos de otros aspectos que van más allá de lo musical.

Esta marcha es la única de Víctor Ferrer por el momento que no está dedicada a ninguna hermandad ni cofradía, sino a la propia banda de Ogíjares. Su sonoridad hace que sea en algunos pasajes muy descriptiva, pudiendo hablar como hicieron algunos en su momento de un poema sinfónico. El poema sinfónico, no obstante, llegaría en 2010 con La Última Noche, quedando Crucifixión casi como un paso intermedio. Lo que está claro es que no es una marcha procesional al uso.

Parte del material musical de Crucifixión ya existía antes de concebir la marcha como tal, y puede que estuviera destinado a otra cosa distinta. El proceso compositivo no siempre es el mismo, y el material musical es abstracto, viene a la mente en determinados momentos, tanto si estás con algo concreto entre manos como si no. Aislando los pasajes de esta obra de su contexto, nos pueden venir a la mente imágenes de tragedia, de amor, de guerra, de pasión… es la grandeza de la música, capaz de evocar tantas cosas. Pero ese material acaba amoldándose a la perfección a esta historia en concreto, al terrible martirio que sufrió Cristo para redimir a la humanidad, y el compositor refleja con maestría los momentos de violencia, debilidad, tristeza, resignación e incomprensión ante los designios divinos…

 

Casi dos años después

Aunque sólo se haya interpretado una vez, no despareció con el último acorde. La grabación ha tenido gran número de visitas, y en la mente de mucha gente quedó grabado el nombre y el sonido de esta marcha. Tanto es así que el año pasado, detrás de la Merced, saliendo a Gran Vía, una desconocida me preguntó si no íbamos a tocar Crucifixión. Le tuve que contestar que no la habíamos preparado para la calle, que a ver si para el año siguiente. Y este año no sé en qué día, ni en qué momento ni en qué calle, pero este año es probable que suene esta obra detrás de algún paso. Estén atentos por si acaso…

Sí es seguro que Crucifixión volverá a sonar en directo, casi dos años después, este sábado 26 de febrero, y además revisada y orquestada de nuevo por su autor. La cita es en el Convento de las Carmelitas Descalzas, sede de la hermandad del Nazareno y la Merced.  Si les apetece, allí nos veremos.