De La Estrella…

 Jose Luis Sánchez

 

La Estrella… es una marcha que marca un hito en la historia de la Semana Santa andaluza, no solo sevillana. Con  La Estrella… (Domingo de Ramos de 1925) surge una nueva visión de la música de palio, aparece una estructura claramente definida y de contrastadas secciones. Podríamos decir que demanda La Estrella… en cada sección un paso al costalero, algo que no sucedía con otras marchas hasta el momento, más en línea con la herencia de marcha fúnebre romántica de la que bebieron sus autores.

 

 

Prevalece de La Estrella Sublime una ejecución marcadamente funcional en muchas de las interpretaciones que de esta marcha se hacen, tanto en conciertos como en  la calle. Existen grabaciones de esta marcha por parte de bandas de música de reconocida solera en la interpretación del repertorio cofrade, donde los temas son presentados sin un fraseo melódico claro, sin una distinción en la presentación y repetición de los temas, con una falta de primacía de unas melodías sobre otras, y un obsesivo interés por abordarla en matiz forte hasta el comienzo del trío.

 La Estrella… es una marcha que marca un hito en la historia de la Semana Santa andaluza, no solo sevillana. Con  La Estrella… (Domingo de Ramos de 1925) surge una nueva visión de la música de palio, aparece una estructura claramente definida y de contrastadas secciones. Podríamos decir que demanda La Estrella…en cada sección un paso al costalero, algo que no sucedía con otras marchas hasta el momento, más en línea con la herencia de marcha fúnebre romántica de la que bebieron sus autores.

Si el paso de palio a lo largo de su historia fue enriqueciéndose y trascendiendo del objeto  práctico al actual universo de rica ornamentación, olor y sonidos característicos, movimiento  y  andar propio con el que lo conocemos; podríamos decir que en lo que a movimiento y andar se refiere, no es poco lo que le debe en su evolución a la marcha aquí tratada, ya que tras la misma aparecerán un sinfín de marchas de similar estructura que acabarán conformando un estilo predominante de marcha procesional.

Ahora bien, es en la acentuación de los parámetros funcionales que lleva toda marcha, la que acaba haciendo de la misma un discurso rígido, previsible y pobre; arraigando el mismo como el más natural o único posible (y  para algunos: ¡el auténtico!). ¿Qué queda – de ser así-  para la música entonces, para  las propuestas interpretativas…?, ¿dónde  queda la atenta mirada a lo que nos demanda la partitura?  Cuando el músico se conforma con lo inmediato y primario de forma reiterada, y hace de esta actitud frente a la obra de arte una costumbre,  limitando su atención al dominio de aquellos elementos que controla de su oficio y no supeditando éstos al servicio de la música, entra en un proceso de tecnificación que lo empobrece como artista. Sobre todo si entendemos y sentimos la música como algo más allá de lo ornamental y sensitivo.

Por tanto, ¿Es La Estrella Sublime un patrón para composiciones rígidas, estandarizadas…, donde no tiene cabida lo musical, o podemos esperar algo más dentro de los límites naturales en toda marcha  procesional (necesarios y característicos: tempo, matices, cuadratura…)? ¿Es que  no tiene cabida una propuesta de interpretación melódica de interés, o sea, un fraseo?,  ¿es que no podemos diferenciar sus repeticiones con cambios dinámicos (F, mf, p…) en sintonía con la propia tensión y distensión del discurso, más allá de la costumbre o ante la carencia de indicaciones?, ¿es que  no puede indicarse un discurso melódico claro en los temas secundarios y prevalecer los principales? ¿No es a veces suficientemente rica su textura con sus contraposiciones rítmicas,  para poner de relieve unos planos sobre otro y apreciar así sus melodías (de rítmica ternaria) sobre un fondo rítmico-armónico (binario) persistente y claro, como si emulásemos sonoramente el libre vaivén de las bambalinas sobre el paso de los costaleros?

 

El que tenga que haber un tempo marcado o unos matices apreciables para ayudar al paso en su andadura, no implica una amalgama de temas sin agógica posible, haciendo de los elementos un todo confuso adherido al tempo-matiz imperante que lo sostiene. Tan solo el emotivo tema del trío y el contexto donde se desenvuelve, bastaría para detenernos a pensar cuánta música podríamos hallar en él y cuantas veces se toca y se ensaya sin atender más que a cuestiones rítmico-dinámicas; ocurriendo que a veces lo repetitivo anida de tal forma en nuestra mente, que no consideramos otra opción posible frente a la partitura.

Tal vez un día no hablemos de La Estrella Sublime, sino de La Estrella… de tal o cual banda, de La Estrella&hellip de tal o cual año, o de La Estrella… de tal o cual momento, y así suceda con otras muchas marchas cuyo potencial permanece sin desplegarse ante la encorsetada tradición interpretativa; será cuestión para ello en tan uniforme panorama de no dejar adormecer al músico que -seguro- llevamos dentro.